El texto del artículo es éste:
A veces hay algún idiota suspicaz, algún cobarde tembloroso enroscado en sus miedos y vacilaciones, alguna vieja ajada por sus ocios vacíos, algún cerduno traficante de colmillo retorcido que, haciendo dengues y matices, con boca babeante, ojos revirados, dedo índice engarfiado y titubeante, nos apunta y nos espeta: ¡Vosotros! ¿quién os creéis que sois vosotros? ¿qué queréis vosotros?
¡Qué brutos son! ¡Qué ciegos son!. Con lo claro, nítido y transparente que está lo que y quienes somos nosotros. Nosotros somos los que somos. Los que vivimos, los que nos movemos, los que estamos en marcha, los que rompemos los barrotes de las prisiones de nuestros hermanos, los que derribamos los cercos y los muros, los que bailamos, los que cantamos, los que reímos, los que luchamos. Nosotros somos, en fin, los que vencemos. Porque podemos. Y porque queremos.
Nosotros somos ésos que no paramos ni pararemos hasta volver el mundo del revés., hasta volver a ponerle la cabeza en su sitio hundiendo el imperio burgués. Somos los que parimos a golpe de lucha y de esfuerzo el mundo nuevo necesario. Los que sabemos que el socialismo es ya ahora mismo no una esperanza ni una nostalgia ni una utopía ni un futurible ni algo simplemente conveniente y necesario. Sino que es algo sencillamente imprescindible. Un problema ya de pura supervivencia. Socialismo o barbarie. Y, ahora mismo, socialismo o Iberduero. Socialismo o Martin Villa. Socialismo o tortura. Socialismo o neutrones.
Nosotros sabemos que los bárbaros novísimos, de computadoras y misiles armados, sólo pueden ser parados y neutralizados por los pueblos conscientes de su personalidad y de su historia que estén seguros del futuro que quieren construir y que se nieguen en redondo a limitarse a sufrir resignados el destino que otros decidan para ellos. Nosotros sabemos que la lengua propia es la sangre verde, la savia viva misma de un pueblo, la condición de su vida independiente. Y que son sus propias palabras, las palabras amadas de los abuelos, las palabras de la lengua campesina y ganadera, proletaria y obrera, perseguida y sojuzgada pero resistente y viva, esas palabras sonoras y rotundas, entrañables y hondas, las que son las armas más preciadas, más decisivas y más necesarias para un pueblo.
Nosotros sabemos que las manos que manejan las hachas y las azadas, las palas y los picos, las pistolas y las espadas, son siempre manos movidas, impulsadas por las palabras pensadas, por las palabras oídas, por las palabras recordadas.
Nosotros somos los que sabemos que las semillas del futuro están ya plantadas y arraigadas germinadas en las carnes de nuestro presente. Somos los que sabemos que el haz de futuros libres, de futuros alternativos, de futuros plenos que nos esperan, está ya abriéndose desde el vértice de nuestra práctica diaria.
Nosotros somos los que sabemos que esos futuros son imparables. Son invencibles. Porque sabemos que no se compran ni se venden. Porque no son futuros en serie, troquelados, empaquetados, envasados, etiquetados y colados al consumidor con una merma calculada para enriquecer a los vigilantes y a los que pagan, visten y calzan (y arman) a los vigilantes.
Esos múltiples futuros libres nuestros son imparables precisamente porque son nuestros. Son nuestros futuros. Los hacemos y los fabricamos con nuestras manos, con paciencia de artesano, con mimo y cuidados de hortelano. Con la salvaje alegría y la exuberante imaginación que nos bulle y espumea por las venas desde las raíces que tenemos hincadas en nuestra historia, en nuestra cultura, en nuestro pueblo.
Nosotros somos esos que venceremos al bloque de clases dominante. Los que no doblamos la cerviz ni humillamos la testuz impotentemente mansa como hacen los cobardes, los desclasados, los integrados, los moderados, los conversos, los arrepentidos incorporados al sistema que son por el sistema ensalzados, bendecidos y jaleados. A nosotros no nos pasará como a Marcelino y Nicolás, a nosotros nunca nos dirán, al negarnos la paga de la traición, que "Roma no paga a los traidores". Porque nunca seremos vendeobreros como el Camacho y el Redondo. Porque nunca traicionaremos a la clase obrera. Porque nunca defraudaremos a nuestro pueblo. Porque nunca diremos Diego donde dijimos digo. Porque nunca apoyaremos la Constitución que combatimos.
Por eso vencemos.
Por eso nos temen.
Nos pegan porque no nos pagan.
Ya querían pagarnos si nos dejáramos comprar.
Pero no estamos ni en alquiler ni en venta.
Ninguno de nosotros tiene duda de si es o no de los nuestros.
Nos basta con saber que no somos de los suyos.
Que somos nosotros.
La unidad del pueblo.
Y que estamos ganando.
Nosotros.
Justo de la Cueva